"Hace unas semanas, Cuba cruzó una línea que llevaba años evitando cruzar. A finales de junio, el gobierno cubano presentó un paquete de medidas y reformas económicas y sociales que quizás sea el más importante, el más profundo y el más delicado desde los primeros años de la Revolución. Se trata de 176 propuestas que tocan algunos de los nervios centrales del modelo cubano. Más autonomía para la empresa estatal, más espacio legal para el sector privado que en la práctica ya existía desde hace años, más realismo en los ajustes salariales y de pensiones, apertura a la inversión extranjera incluida la de la diáspora cubana en el exterior, actualización del sistema bancario y financiero y una reorganización más amplia de la economía nacional. ¿Qué significan entonces estas medidas? ¿Qué van a suponer para el sistema cubano? ¿Es la mano del capitalismo entrando por una rendija? ¿Es una especie de perestroika a la cubana? Son preguntas legítimas, pero para responderlas con rigor hay que empezar por donde casi nunca empiezan los análisis occidentales sobre Cuba. Por el bloqueo, porque Cuba no toma estas medidas en condiciones normales. No las toma como un país que decide tranquilamente actualizar su modelo económico después de un debate académico. Cuba las toma en media de una de las ofensivas económicas más brutales de Estados Unidos contra la isla en décadas. Cuba no está reformando desde una posición imperial agotada, sino desde una isla bloqueada, presionada y sometida a una guerra económica permanente que lleva décadas desarrollándose. No está eligiendo entre socialismo puro y capitalismo abstracto en una pizarra. Está intentando sobrevivir, alimentar, sostener servicios públicos, mantener soberanía y evitar que el desgaste social sea utilizado como palanca de intervención extranjera. Dicho esto, tampoco se trata de romantizarlo todo, hay que decir algo que también señalaban nuestros compañeros cubanos. Estas medidas tenían que haber llegado antes. Cuba tiene que cambiar para seguir siendo Cuba. Tiene que abrir sin entregarse, flexibilizar sin privatizar su horizonte político. Tiene que atraer recursos sin vender su soberanía. Las medidas abren una puerta, pueden ser una oportunidad histórica o pueden frustrarse. Y de qué lado caiga esa balanza dependerá de muchas cosas, de la rapidez en la implementación, de la capacidad del Estado para regular, de la participación popular, de la protección de los sectores más vulnerables, de la inteligencia política de la Dirección Cubana y también, no lo olvidemos, de la capacidad internacional para romper el cerco criminal que pesa sobre la isla. Porque ninguna reforma interna, por valiente que sea, puede analizarse como si el bloqueo no existiera. Y ninguna crítica honesta a los errores del gobierno cubano puede convertirse en cuartada para justificar la política de asfixia de Estados Unidos."